La Fundación

La Fundación tiene su origen en el legado de Don Héctor Gustavo Casares, por testamento del día 28 de Noviembre de 1958 y está inscripta en la Inspección General de Personas Jurídicas el 11 de Agosto de 1960, Res Nº 9375. Reforma de Estatutos aprobada por la IGPJ el 7 de Diciembre de 1973, Resolución Nº 3647 y reordenamiento aprobado por la IGPJ el 23 de Julio de 2012, Resolución Nº 000920.

La Fundación tiene por objeto estudiar los problemas de la leche y sus derivados en sus diferentes fases de producción, industrialización y comercialización y a ese efecto deberá: 1) Colaborar y promover todo aquello que directa o indirectamente se relacione con la enseñanza y difusión de las buenas prácticas y conocimientos que contribuyan a un mejoramiento lechero en el país y a la solución de los problemas económicos, técnicos y sociales que afectan esta industria. 2) Procurar la formación de investigadores especializados, pudiendo a tal efecto otorgar becas y facilidades y recompensas para autores de trabajos originales y recibir becas, becados y ayuda de otras Instituciones. 3) Contratar los servicios de profesores y técnicos especializados en la materia. 4) Crear servicios de información para difundir y hacer conocer las investigaciones, estudios y trabajos que se realicen. 5) Vincularse con entidades afines (argentinas o extranjeras) para una adecuada cooperación. 6) Realizar todos los actos necesarios para el cumplimiento de la voluntad testamentaria de Don Héctor Gustavo Casares.

Actualmente FIL lleva adelante dos explotaciones agropecuarias: una de ellas en la localidad de Suipacha, Provincia de Buenos Aires, donde funciona hace ya más de 20 años un tambo que ha servido en innumerables ocasiones como centro para jornadas de estudio de alumnos provenientes de diversos centros educativos. También se han dictado allí numerosos cursos y seminarios referidos a la actividad tambera.
En materia educativa hoy, FIL se encuentra abocada a la tarea del cumplimiento de su objeto social, que por razones económicas no se pudo realizar plenamente en años anteriores al 2018.
Cabe destacar que durante las pasadas décadas del ´60 y el ´70, FIL trajo a la Argentina varios técnicos provenientes de Australia y Nueva Zelandia, entre ellos a los doctores Mac Meekan y Phillips, quienes introdujeron importantes cambios en el manejo de pasturas en nuestro país.

Investigación + Capacitación
En Agosto de 2017 FIL firmó un convenio marco con la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Lomas de Zamora, para la creación de un Centro de Investigación y Capacitación (PROLACT), de alto perfil académico, enclavado en el corazón de la cuenca lechera de Abasto de la Provincia de Buenos Aires. Acompañaron la firma de este convenio el Instituto de Investigación sobre Producción Agropecuaria, Ambiente y Salud (IPAAS) y la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC), contando con el apoyo de la Municipalidad y la Sociedad Rural del Partido de Suipacha.

Objetivos específicos
-Establecer un Centro de I+D+i para llevar adelante trabajos de investigación acorde a las nuevas demandas y necesidades del sector lechero Argentino, referente para la región, el país y a nivel internacional.
-Capacitar y formar profesionales, estudiantes, técnicos, personal de campo, productores y todos aquellos actores relevantes de la lechería Argentina y de la región, con miras a la creación de una “Escuela Tecnológica de Lechería”.

La puesta en marcha del Centro PROLACT es sin duda un hito importante para el desarrollo de la lechería a nivel local y nacional, no solo por instalar capacidades para desarrollar investigación que permita solucionar problemas actuales, sino porque pone el foco en la lechería del futuro, trabajando sobre la formación y capacitación de las próximas generaciones de técnicos, quienes llevarán adelante la producción lechera del país. Esta visión de largo plazo debe primar siempre en los lineamientos estratégicos que los integrantes del Centro PROLACT definan en su plan de trabajo.

Prolact

Centro de Investigación, Desarrollo y Capacitación para la Producción Lechera en Argentina.

OBJETIVOS
Centro de Investigación, Desarrollo y Capacitación para la Producción Lechera en Argentina

PROLACT es un Centro de Investigación y Capacitación, de alto perfil académico, enclavado en el corazón de la cuenca lechera de Abasto de la Provincia de Buenos Aires. Tiene su origen en una iniciativa conjunta entre la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (FCA-UNLZ), la Fundación Instituto de la Leche (FIL), el Instituto de Investigación sobre Producción Agropecuaria, Ambiente y Salud (IPAAS) y la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC), contando con el apoyo de la Municipalidad y la Sociedad Rural del Partido de Suipacha. Para el cumplimiento de esta iniciativa, Fundación Instituto de la Leche ha puesto a disposición del Centro, el uso de toda la infraestructura del tambo y el rodeo de vacunos actualmente en explotación, en el establecimiento de su propiedad, en Suipacha. Con idéntica finalidad, la Facultad de Ciencias Agrarias-UNLZ pone a disposición, su cuerpo de docentes, investigadores, becarios y estudiantes para las actividades de capacitación y de investigación.
Objetivos Específicos:
Establecer un CENTRO para llevar adelante trabajos de investigación acorde a las nuevas demandas y necesidades del sector lechero Argentino, referente para la región, el país y a nivel internacional. Justificación Económica y Social ​ Parte de la brecha entre la producción actual y potencial se debe a los bajos niveles de formación y capacitación del personal involucrado. Por lo tanto, desde el Centro PROLACT se promoverá la capacitación de todos los actores del sector; es necesario que las nuevas generaciones adquieran los conocimientos relacionados con la actividad, no solo para llevarla a cabo, sino también para generar la vocación por la producción lechera, necesaria para el trabajo en el campo. El Centro PROLACT ofrecerá actividades de capacitación por extensión tanto de estudiantes secundarios y universitarios relacionados con el sector como así también a todas aquellas personas involucradas en la actividad, independientemente de su educación formal.

Los Pioneros

Vicente L. Casares (1844-1910) y Vicente R. Casares (1882-1957)

Vicente L. Casares nace en Buenos Aires en el seno de una familia radicada en la ciudad desde 1806. Su padre y abuelos participaron de múltiples actividades comerciales y financieras, destacándose entre ellas el haber desarrollado las primeras empresas navieras. En 1866, teniendo tan sólo 18 años de edad, funda en unas tierras que recién comenzaban a desarrollarse la Estancia San Martín en Cañuelas, en una época en que para manejar una estancia había que ser gaucho entre los gauchos. Realiza allí un duro aprendizaje. En las palabras de Ramos Mejía "… era un verdadero pionero, estaba bien en ese medio ya desaparecido, como lo estaba en los salones a su regreso” … "muy alto y esbelto, flexible, siempre sonriente con la suave mirada de sus ojos celestes; a su lado no era posible ser hosco ni siquiera desatento, porque mataba al contraste”. En 1871, poco después de que se aprobara un ley promovida por Vicente Fidel López, por la que se gravaba la importación de trigo, Casares exportó la primera partida de ese cereal a Europa.

En 1874 visita los EE.UU, que en sus territorios del oeste están en pleno momento de expansión agropecuaria. Luego va a Europa y recoge muchas experiencias que llena de proyectos a su espíritu inquieto. A los nuevos conocimientos suma la importación de animales seleccionados para la formación de su cabaña. Sus ideas, con vistas a desarrollar una industria lechera, se enriquecen con estos viajes y experiencias que le demuestran que no es posible implementarla sin organizar previamente los planteles, clasificando y agrupando la hacienda según su tipo para lo cual no hacen falta sólo los cercos que aseguren el control, sino también algo que es clave para la industria: estar situada en una zona en la que se puedan instalar muchos tambos que la abastezcan. Esto es fundamental, porque esa idea decide lo que será el futuro de Cañuelas. En 1876 asumió como diputado provincial por Buenos Aires. Allí tuvo la oportunidad de tratar a muchos de los grandes hombres de la época y de conocer en profundidad los problemas que afectaban al país. Uno, sobre todo, lo tenía inquieto. Lo preocupaban sobre manera las estadísticas de mortalidad infantil, causada por enfermedades como la tuberculosis y fiebres infecciosas, que los médicos del momento atribuían a la leche contaminada. Casares puso todos sus esfuerzos para intentar paliar este mal que afectaba a la población, y en especial a los más chicos, y para eso fundó, en 1889, La Martona, empresa con la que revolucionaría el sistema de producción y distribución de leche, basado en el empleo de los más modernos equipos de la época, que adquirió en Francia cuando visitó la Exposición Internacional de París. Según explicó en una carta dirigida a un amigo "la posibilidad de establecer en Buenos Aires una industria que viva de las entrañas de nuestra tierra, consagrada al bienestar y al progreso de nuestra población" y la ilusión de poder "acabar con la mortalidad infantil". Con La Martona, por primera vez se higienizaba, filtraba, controlaba y clasificaba el producto. Por primera vez se vendía en el país la leche maternizada, según el sistema Backhaus. La primera producción de la fábrica consistió en leche higienizada, crema, manteca y hielo. El ingeniero agrónomo E. T. Larguía afirmaba, en 1896, en un informe oficial sobre la industria lechera, que le había encargado la Provincia de Buenos Aires: "La importancia que tiene (La Martona) no es solo debida a la mantequería de Cañuelas, sino al expendio de leche, crema, manteca y queso en las veinte sucursales que posee diseminadas por todos los barrios de Buenos Aires. Además el aseo y la prolijidad, lo mismo que el lujo y comodidad de estas dependencias y la buena calidad de los productos que expenden...", concluía. Con los adelantos que introdujo, Casares fue reemplazando paulatinamente el tradicional reparto de leche a domicilio -que habían impuesto los inmigrantes vascos y que se trataba en muchos casos de leche sucia y manteca amasada a mano envuelta en trapos viejos y mal lavados-, por la venta, en los locales de La Martona, de manteca empaquetada en papel impermeable, leche higienizada y queso. Los logros se sucedieron con los años. Así, en 1894, la empresa inició la pasteurización de la leche; en 1900 estrenó los primeros vagones térmicos y, en 1902, comenzó la industrialización del dulce de leche. Como si esto fuera poco, en 1908, la elaboración de yogur alcanzó niveles que colocaron a la Argentina como segundo productor del mundo. Vicente L. Casares pertenece a una generación que vivió los intensos cambios de una época agitada, época en la que se pasó de ser un país eminentemente pastoril de simple economía de subsistencia, a convertirse -al igual que otros- en abastecedor de un mundo que se industrializa. Casares es el prototípico hombre de su tiempo, con un sentido universal del saber y el hacer, razón por la que no sólo es protagonista en el quehacer productivo, sino también en lo que hace a las tareas de gobierno y en muchas otras actividades, especialmente las relacionadas con el mundo de las finanzas. La actividad política lo lleva a ser elegido legislador provincial en 1886, candidato a vicepresidente de la Nación en 1898, diputado nacional en 1900 y presidente del Partido Autonomista Nacional en 1908, mientras sus conocimientos e interés por la economía le permiten fundar en 1888 el Banco Sudamericano de Buenos Aires, siendo nombrado en 1891 presidente del Banco de la Nación, aquella herramienta que fue tan importante para paliar las consecuencias de la crisis de 1890 cuando el gobierno de Juárez Celman y en 1893, por último, presidente fundador de la Lotería Nacional. Como vemos, un hombre inquieto, que asumiendo una actitud creadora, estudia y trabaja a fin de modificar su entorno. Aunque pudo elegir una forma de vida más tranquila, dada su situación económica, nunca cejó y puso todo su empeño en coadyuvar a la evolución de nuestro país. Entre sus amigos, merece párrafo aparte Carlos E. Pellegrini, con el que compartió a lo largo de muchos años, días y trabajos, defendiendo juntos la protección de los cereales, enfrentando luego, también juntos la crisis desde el Banco Nación y después, hombro a hombro, La Martona, donde Pellegrini se desempeñó como vicepresidente desde 1900 hasta el día de su muerte. En la larga historia de La Martona S.A. hubo dos etapas muy definidas que caracterizaron su desarrollo. La primera, la pionera, llena de creación, riesgo y trabajo que tuvo como protagonista principal a una personalidad como fue Vicente L. Casares. La otra etapa, la de saneamiento, consolidación y crecimiento se produjo fundamentalmente bajo la dirección de su hijo mayor, Vicente Rufino, el cual asumió la dirección de los establecimientos luego de la muerte de su padre en 1910. Durante cuarenta y siete años hasta su propia desaparición, trabajo y dio forma a una de las principales industrias alimentarias del país. Fue una labor intensa y continua, de estudio y realización que acompañar la rápida modernización que tuvo la industria en este siglo. A él se debe también gran parte de los méritos en el desarrollo y arraigo de la raza ho1ando-argentina. Como su padre, también actuó en la función pública. Fue Presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Director del Banco Central y Vocal del Directorio de YPF.


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